sábado, 1 de enero de 2011

La arena de la playa

La fuente

Esta historia venía en un libro de esos que explican a los padres cómo educar a sus hijos adolescentes. Lo leí hace muchísimos años, en casa de mi abuela (a la que hace bastantes años que no voy). Es por eso que no recuerdo ni el autor, ni el título, ni nada más del libro. Lo único que podría decir es que, por algunos temas tratados en el libro, éste era para público estadounidense.

La historia

Una muchacha joven que iba a casarse en breve paseaba por la playa con su madre, charlando de cómo iba a cambiarles la vida a partir de ahora. En un momento dado, la muchacha le comentó a su madre que no sabía muy bien cómo conseguir que su marido permaneciera siempre a su lado sin irse con otras. La madre le dijo a su hija:

Toma 2 puñados de arena, uno en cada mano.

La muchacha obedeció a su madre y tomó un puñado de arena en cada mano.

A continuación, su madre le ordenó:

Aprieta todo lo que puedas la mano derecha, a fin de evitar que la arena se escape. Tienes que apretar muy fuerte, procurando mantener toda la arena dentro de tu mano.

La muchacha obedeció a su madre, y gritó, espantada:

¡Madre! La arena no se queda en la mano. Aprovecha cualquier resquicio para salir de la mano. Si sigo apretando, pronto no quedará arena en la mano.

Bien - murmulló la madre. Ahora, mantén la palma de la otra mano abierta con la arena encima, y dime lo que pasa.

La arena se queda ahí, no se mueve.

Pues ahora ya sabes lo que tienes que hacer si quieres mantener a tu marido siempre a tu lado.

Comentario

Creo que esta historia se puede aplicar a muchas relaciones humanas, no sólo entre la pareja, sino entre padres-hijos, jefe-empleados, amistades... Está claro que a nadie nos gusta que nos atosiguen, y si alguien lo hace, buscamos cualquier rendija para escaparnos.

2 comentarios:

  1. ¡Qué historia más bonita! ¡¡Me encanta!! Jeje.

    Eso es algo que yo pienso desde mucho. Cuando comencé a salir con mi novia lo pasé fatal, porque yo soy de ese tipo, de "dejar la mano abierta", de que la gente debe ser libre, y que en todo tipo de relaciones, las personas tienen que permanecer unidas, pero no atadas.

    Alguna cierta amiga de mi novia le decía a ella que yo no la quería por justamente eso, por dejar la mano abierta. Que si la quisiese de verdad estaría todo el rato con ella, sin despegarme... Y que por eso sólo la quería para hacerlo y luego marcharme. ¡No sabes la rabia que me da cada vez que me acuerdo de aquellos tiempos! (hace dos años y medio).

    Pero bueno, con el tiempo se dio cuenta de que se equivocaba. Y ahora estamos bien.

    Recuero que un día, cuando mi novia se fue a comer con dos amigos de su grupo, sin mí, su amiga le preguntó: "¿Y Enrique te deja? ¿No se enfada?". Jajaja.

    En fin, cómo dice Jorge Bucay, pienso que las relaciones de pareja deben ser de tres:

    Él, ella y la pareja. Él y ella simbolizan la libertad; el tener en cuenta que cada persona es de ella misma, y tiene sus gustos, aficiones, su vida, su familia y amigos/as, etc. Y la pareja simboliza que hay que tener en cuenta que estás conviviendo con alguien con quien debes contar, y no pensar sólo en ti mismo/a.

    Y bueno, como leí en uno de los libros de la trilogía Memorias de Idhún, de Laura Gallego (son libros de fantasía): "Si dejas atado a alguien a tu lado, lo habrás perdido para siempre; pero si lo dejas libre y éste regresa, significará que ha sido tuyo siempre".

    Besos.

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  2. Ojalá todo el mundo fuera más "de mano abierta", creo que el mundo iría mucho mejor.

    Saludos!

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