domingo, 9 de octubre de 2011

El otro zapato

La fuente

Leí esta historia en el suplemento dominical del ABC (que lo regalan con un diario local de Mallorca, aclaro, no vaya nadie a pensar que aquí somos compradores habituales del ABC). En realidad, venían varias historias, pero yo sólo me acuerdo de esta, pues me pareció, una vez más, una enseñanza fabulosa. No recuerdo a quien se atribuye, si a Gandhi, o al Dalai Lama, en todo caso da igual el personaje, lo que importa es la enseñanza que se extrae de esta historia. Además, la recuerdo de memoria, es decir, igual tenéis por ahí versiones mejor documentadas; como ya tiré la revista, me guío por mi memoria, que posiblemente me juegue malas pasadas. Es una historia muy corta, pero muy llena de sabiduría.

La historia

Iba Gandhi junto con un amigo a tomar un tren. Como no tenían dinero, trataban de subirse en marcha a un tren de mercancías, cuando éste estaba arrancando. Vieron el tren arrancar, así que empezaron a correr hacia él, para poder subirse con un saltito. Durante el saltito, a Gandhi se le cayó uno de sus zapatos. El tren ya iba demasiado rápido como para bajarse, coger el zapato y volverse a subir. Gandhi tiró el otro zapato.


El amigo, sorprendido, le preguntó: 
-¿Por qué has hecho eso?
A lo que Gandhi respondió:
-A mí, este zapato suelto no me sirve de nada, en cuanto lleguemos a destino tendré que hacerme con otro par. A la persona que encuentre el zapato que se me cayó, ese zapato suelto no le servirá de nada. Así, al menos, alguien se encontrará con un par de zapatos, y le serán de utilidad...

Comentario

Diría que la moraleja es que no guardemos tantas cosas de esas que en realidad nunca nos van a servir de nada. Que no tengamos miedo a dar. Que hay cosas que a nosotros no nos sirven pero a alguien sí. Y también que seamos generosos: En este caso, aunque inicialmente no había intención de dar, el destino giró la tortilla de forma que, sólo dando, los zapatos tenían utilidad real. Si el destino decide que nos quita un zapato, aprendamos a dar también el otro.

jueves, 6 de octubre de 2011

Los amigos no son sólo en los buenos momentos

La fuente

He encontrado esta historia en el blog Criando amando, y enseguida me ha encandilado, y me la he querido copiar aquí.

La historia

Un niño le pregunta a su madre:
 - Mamá, ¿puedo ir al hospital a ver a un amigo? ¡Él está enfermo!
- Claro, pero ¿qué tiene?

El hijo, con la cabeza gacha, dice:
- Un tumor en el cerebro.

 La madre, furiosa, dice:
¿Y quieres ir allá para qué: para verlo morir?
El niño se aleja y desaparece.
Horas más tarde, vuelve rojo de tanto llorar, diciendo:
- ¡Oh madre, fue tan horrible, el murio delante de mí!

La madre, molesta: - ¿Y ahora? ¿Estás feliz? ¿Era digno de ver esa escena?
Una última lagrima cae de los ojos del niño y acompañada de una sonrisa, dice:
-¡ Mucho! llegue a tiempo para verlo sonreir y decir: Yo sabia que vendrias..

Comentario

Aunque iba a decir que sobran las palabras, en realidad necesito decir que estoy plenamente de acuerdo con esta enseñanza. Para el que se queda es duro y difícil, y sería más fácil mirar hacia otro lado. Pero para el que se va, ¿qué recuerdo queremos dejarle? ¿Que se sienta rodeado por sus seres queridos, o sólo mirando el techo y las paredes blancas de un frío hospital, mientras una maquinita hace "pi, pi, pi"? Creo que ante situaciones así, debemos ser fuertes y estar junto a nuestros amigos. Si tenemos que llorar, tiempo tendremos de hacerlo, nadie nos lo impedirá. Pero siempre recordaremos que estuvimos donde teníamos que estar.

sábado, 2 de julio de 2011

El saco de la vida

La fuente

En realidad esta historia la he leído varias veces ya, es de esas que te envían tus amigos por internet (en horas de ¿trabajo? ummmm). Así que es bastante probable que ya la hayáis leído, en diferentes versiones incluso, pero lo importante es la esencia. Yo la contaré tal como la recuerdo ahora.

La historia


Un profesor de filosofía (Jorge Bucay) decide dar una clase especial a sus alumnos. Les entrega a todos una bolsa vacía, unas cuantas piedras grandes, un poco de gravilla y un montoncito de arena. Les dice que hagan lo siguiente:

- Alumnos, vamos a rellenar este saco con el material que os he entregado. Tenéis que hacerlo de la siguiente manera:
  • Primero meted las piedras grandes
  • A continuación meted la gravilla, moved un poco el saco para que se cuele entre las piedras grandes.
  • Y por último meted la arena, volved a remover el saco y así la arena se podrá ir colando por todos los huecos.

Los alumnos lo hicieron así, y se dieron cuenta de que todo cabía perfectamente, e incluso sobraba espacio para algo más.

Entonces, el maestro les volvió a entregar un kit de material igual que el anterior, y les pidió que hicieran lo siguiente:
- Alumnos, vamos a rellenar el saco, pero vamos a cambiar el orden. Quiero que hagáis lo siguiente:
  • Meted toda la arena en el saco.
  • A continuación, encima poneís la gravilla.
  • Y finalmente añadís las piedras grandes.
Los alumnos lo fueron haciendo, pero pronto se dieron cuenta de algo: La arena ocupaba más de la mitad del saco, así que la gravilla tenía que ir encima, y luego las piedras grandes casi no cabían, a todos se les quedaron unas cuantas fuera. Así se lo explicaron al maestro. Este les respondió:

- La bolsa vacía es nuestra vida. Las piedras grandes son las cosas más importantes de la vida: la familia, los hijos, los amigos. La gravilla son cosas importantes, pero menos que lo anterior: tener vivienda, tener comida, salud. Y la arena es lo menos importante: qué marca de coche tienes, adónde te vas de vacaciones, el móvil de última generación, etc. Si llenamos nuestra vida empezando por lo importante, y luego dando paso a lo superficial, hay sitio para todo, e incluso sobra espacio para más vivencias. Pero si dejamos que las cosas menos importantes llenen nuestra vida, no quedará sitio en ella para lo que realmente importa.

Al dar la explicación de la moraleja, un alumno se levantó y preguntó si él podía ampliar algo más.

Jorge aceptó, y el alumno se levantó, sacó una cerveza de la mochila, se acercó al cubo donde Jorge había introducido las piedras, la gravilla y la arena, e vació en el cubo la lata de cerveza.

Conclusión que dio el alumno: además de todo eso, Jorge, siempre queda un hueco para tomarse una cervecita con los amigos.

martes, 28 de junio de 2011

El verdadero valor del anillo

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He extraído esta historia del blog Mejoremos la educación. Mejoremos nuestro futuro. El, a su vez, lo ha extraído del libro: Bucay, J. (2005). Déjame que te cuente los cuentos que me enseñaron a vivir. RBA bolsillo: Barcelona.

La historia

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después... -Y, haciendo una pausa, agregó-: Si quieres ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

-E… encantado, maestro –titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

-Bien –continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió-: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el aíllo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.

Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener unamoeda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro –dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo –contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con el anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.

-¿Cincuenta y ocho monedas? –exclamó el joven.

-Sí –replicó el joyero-. Yo sé que con el tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate –dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.

Comentario

La verdad es que es un cuento que me ha dejado sin palabras, porque se explica sólo. No dejemos que cualquiera nos hunda, dejemos que sea un "experto" quien nos valore en su justa medida. Asimismo, da que pensar en todas las veces que juzgamos a los demás, y seguramente es que no estamos capacitados para evaluar el verdadero valor de esas personas.

Tu ángel

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He extraído esta historia del blog La página de la chica de las flores. Espero que os guste, pues es preciosa.

La historia

Cuenta una leyenda, que un niño estaba por nacer y le dijo a Dios:

-Sé que me enviarás a la tierra mañana. Dime ¿cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?

Dios le dijo: -Entre muchos ángeles escogí uno para tí, te está esperando, te cuidará.

-Aquí en el cielo, sólo con cantar y sonreir me basta para ser feliz.

-Tu ángel te cantará y te sonreirá todos los días y sentirás su amor por tí, así serás feliz.

-¿Cómo voy a entender lo que la gente me diga si no entiendo ese extraño idioma que hablan los hombres?

-Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.

-¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?

-Tu ángel te juntará las manitas y te enseñará a rezar.

-He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quien me defenderá?

-Tu ángel te defenderá, aun a costa de su propia vida.

En ese momento comenzaron a sentirse voces terrestres y el niño presuroso le dijo a Dios_

-Dios mío, si ya me voy dime su nombre, por favor, ¿cómo se llama mi ángel?

-Su nombre no importa ahora, tú le llamarás "MAMÁ".

lunes, 23 de mayo de 2011

Nadie posee la verdad absoluta

La fuente
He extraído esta historia del blog Mejoremos la educación. Mejoremos nuestro futuro.
La historia
Había una vez en un pueblo pequeño un hombre que perseguía la verdad, y que no cesaría hasta dar con ella. Muchas personas, con fama de ser muy sabias, le habían comentado a aquel hombre que la verdad era una luz muy brillante que iluminaba hasta los lugares más oscuros de la mente humana. Así que, ansioso este hombre por encontrar la verdad, buscaba en cada rincón por donde pasaba tal brillante luz. Pasaron semanas, meses, años, y el hombre nunca fue capaz de hallarla, por lo que, abatido, acabó por decir que la verdad no existía, que era un invento.

Y así pasó días y días, pensando esto, hasta que una noche clara y de nubes despejadas, cuando fue a sacar agua de su pozo, encontró dentro de él la luz que tanto había buscado.

Extasiado, el hombre fue corriendo a contar esto a todo el pueblo. Unas personas se burlaron de él, le insultaron y le llamaron mentiroso; otras, simplemente no dijeron nada, pero no le creían.

-Estúpidos/as ignorantes -gritaba el hombre con furia-. ¡La verdad existe y está en mi pozo! ¡¡Yo tengo la verdad!! Lo que ocurre es que tenéis envidia. ¡Envidiosos/as!

Pero hubo un tipo de personas que le hinchieron de cólera aún más: aquellas que le creían y aseguraban que ellas también tenían la verdad en sus pozos.

-Mentira. ¡Vosotros/as sí que mentís! La verdad está en mi casa, en mi pozo. La tengo yo, y si yo tengo la verdad, vosotros/as no podéis tenerla!

Algunos amigos y algunas amigas consiguieron convencerlo para que al final fuese a sus casas a ver con sus propios ojos que realmente ellos/as también tenían la verdad. Y entonces lo comprendió todo:

-Lo que ocurre es que hay muchas verdades -concluyó el hombre-. Cada cual tiene la suya y todas irradian su propio resplandor.

Días más tarde, en una noche en la que bajó a contemplar la verdad, el hombre se entristeció al ver que la verdad se había marchado de su pozo. El brillante círculo había desaparecido, pues, al tener la cabeza de por medio, impedía que la Luna pudiese reflejarse en el agua.

Lloró y lloró, hasta que, por casualidad, alzó la vista al cielo, y entonces lo comprendió todo: la luz no se encontraba dentro del pozo, sino que se trataba del mero reflejo de la Luna en el agua de su pozo y en el de sus amigos y amigas.

viernes, 1 de abril de 2011

Que no te importe lo que piensen de ti

La fuente
 
He extraído esta historia del blog Mejoremos la educación. Mejoremos nuestro futuro.
 
La historia
 
Habíase una vez un hombre que vivía, junto a su hija, en una casa a las afueras del pueblo. Para comprar el pan, el hombre subía en caballo con su hija, hasta que un día el caballo se hizo viejo, y decidió subir andando.

-¡Pero qué tonto es este hombre! -comentaba la gente del pueblo-. Tendiendo un caballo y sube andando con la niña...

Al percatarse de esto, al día siguiente el hombre subió con el caballo, pero montó solo a su hija para que el animal no se cansase demasiado. Al ver esta situación, la gente del pueblo dijo:

-¡Será tonto este hombre, que, con lo mayor que es, sube andando hasta aquí...!

Asqueado, a la mañana siguiente montó él sobre el caballo, y dijo a su niña que fuese ella andando:

-¡Pero qué hombre más horroroso! -exclamaron las personas del pueblo al verlo-. Mira que dejar a la pobre criatura subir andando, con lo pequeña que es...

Así pues, harto, al siguiente día subieron sobre el caballo tanto él como su hija, y, al llegar al pueblo, la gente murmuró:

-Pobre animal... Este hombre es una desgracia.
 
Comentario
 
Una vez más, una historia que prácticamente no requiere más explicaciones. El caso es que, cuando tienes que tomar una decisión, tomes la que tomes, siempre habrá quien te criticará, de modo que, haz lo que te apetezca, lo que creas conveniente, y que no te importe lo que piensen de ti.